martes, 12 de octubre de 2010

VERDADERO APOSTOLADO

En estos tiempos, donde se vive a ritmos completamente acelerados y en muchos hogares los padres están ausentes gran parte del día por razones laborales, los momentos en los que la familia está reunida compartiendo son cada vez menos.

Y cuando por fin, tarde en la noche la familia está reunida en el hogar, la mayoría de las veces los niños están jugando en el computador, o viendo televisión, así, la tecnología se transforma en un elemento que distrae y que no permite que se comparta una buena conversación en familia.

La idea es recuperar como sea estos momentos de reunión familiar, que son fundamentales para el buen desarrollo de nuestros hijos y que además ayudan a mejorar la convivencia dentro del grupo familiar.

Por eso, te recomendamos menos televisión, menos chateo en el computador y más ratos en el living de la casa, compartiendo las experiencias que vivieron cada uno de los integrantes de la familia durante el día.

La diversión no es mala, sino todo lo contrario, sin embargo, si es en familia mucho mejor, ideal sería mantener activa a la familia con juegos de salón, eso para la noche o los días muy fríos, pero, sin duda que la mejor alternativa de todas, son los juegos al aire libre, se puede ir de paseo, al cerro, alejándose así de la contaminación de la capital, y para las personas de regiones, un paseo y una buena caminata familiar de fin de semana es lo recomendable.

Dentro de estas actividades al aire libre puedes practicar deporte con tus hijos. Sale a andar en bicicleta con ellos, enséñales a andar si no saben, son momentos que recordarán para toda su vida y los harán crecer.
“Jugar a la pelota” nunca está demás, sólo se necesita un balón y el entusiasmo de tus hijos, ¿qué panorama más simple y barato que ese?

Dentro del hogar también puedes fomentar la lectura de tus hijos, si ellos te ven leyendo, ellos también leerán. Puedes contarles historias personales o bien leerles un libro, ayúdales con los libros que les dan en el colegio, no se los leas, sólo explícales la temática central, valorizarán mucho que los ayudes a entenderlos.
Lo demás queda en tu imaginación, lo importante es que sus dormitorios sean eso, un lugar sólo para dormir, y no se transformen en lo que son las habitaciones de nuestros niños hoy en día, verdaderos centros tecnológicos llenos de consolas, computadores, televisores, reproductores y un cableado que sólo de mirarlo aterra.
Entretenerse con las nuevas tecnologías no es negativo, hacerlo en exceso sí lo es, y más aún cuando estas entretenciones pasan a ser un elemento de distanciamiento entre los padres y los hijos.

Recuerda que cuando estés con tus hijos debes pasar momentos de calidad. La idea no es estar demasiadas horas con ellos, sino que aprovechar el tiempo que tienes para compartir, haciendo todas las actividades que te sugerimos e inventando las propias…
¡Anímate y entusiasma a tus hijos con estas nuevas entretenciones! Que sin duda son más simples, baratas y recreativas que las nuevas tecnologías.

Recuerda que el apostolado de cada uno, empieza en la casa, si estás bien ahí, en tus grupos es más fácil compartir, pues estarás orgulloso de la vida ejemplar que llevas, y tu familia te lo agradecerá. Nadie dice que es cómodo llevar por el buen camino a una familia, pero si evitamos los malos tratos, la violencia, los gritos, los malos hábitos, todo será como vivir en un paraíso.
Los quiero mucho....Edo

jueves, 7 de octubre de 2010

¿CUAL ES TU CARETA?

En los carnavales modernos algunos se disfrazan de aquello que habrían querido ser y no han sido. Otros se apropian de personajes o símbolos para ridiculizarlos. Otros, finalmente, buscan la ocultación para conseguir impunidad y anonimato a su conducta desinhibida, abusiva, grotesca o delictiva. Sin embargo, estos desahogos puntuales tienen menos repercusión en nuestra personalidad que LOS DISFRACES QUE NOS FABRICAMOS PARA VIVIR, habitualmente subconscientes.

En la vida ordinaria solemos usar DISTINTAS CARETAS que podemos sintetizar en estos cuatro tipos: la negra, la negra con purpurina, la brillante y la transparente.
1.- La careta negra es la de quien se ve y se muestra en negativo. Quizás reconozca en sí algún rasgo positivo “pero”… siempre relativiza y neutraliza lo positivo. La imagen de estas personas se estructura a partir de lo negativo y de sus carencias. Con frecuencia el origen estuvo en la comparación con un hermano o en una educación exigente en vez de estimulante, que subrayó los fracasos exigiendo siempre más. Puede enraizarse también en un gran fracaso o en una serie de fracasos en edad más avanzada. Si nadie le ayuda a encontrar su caudal positivo, dudará de sí mismo y se hundirá en la negrura de su imagen negativa.

Estas personas carecen de confianza en sí mismas porque no encuentran nada en qué apoyarse. Eso no les impide llevar adelante lo que emprenden pero no se atribuyen el mérito sino que lo achacan a la suerte, a los otros, etc. No se sorprenden nunca de sus fracasos o sus defectos, como si siempre los esperasen. Esto refuerza su imagen negativa, aunque no la acepten ni sean muy conscientes de ella. Hay quien la sublima bajo el concepto de humildad y encuentra una compensación en el reconocimiento de su falsa virtud.

2.- La careta negra con purpurina la portan quienes se supervaloran para defenderse de lo negativo. Ellos se reconocen con sombras y luces pero la forma de defenderse cuando les critican es lo que hace decir a los otros que son muy orgullosos, que viven sobre zancos. Se descubre fácilmente a estas personas por la “desproporción” con que se defienden de lo negativo, real o supuesto.

Detrás de esta careta hay una “gran inseguridad” con raíces en un pasado doloroso. En realidad su imagen es negativa, pero la ocultan tras grandes chorreras de purpurina dorada. Se defienden de su secreta imagen negativa con una artificial y exagerada estima. Ante los demás pueden pasar como orgullosos, vanidosos o prepotentes, cuando en realidad…… son pobres personas sin una autoestima real.
3.- La careta brillante se la encajan a fuego quienes se sobrestiman siempre. Tienen un concepto muy elevado de sí mismos y se afanan a toda costa para que los otros les vean brillar. Su vida se organiza en torno al “éxito social”.

El origen pudo ser un ambiente familiar preocupado solamente por el éxito, en el que al niño se le valoró por sus triunfos sociales, escolares, deportivos, etc. sin que importasen los medios empleados o su auténtica personalidad. Se puso el acento sobre el “parecer” y no sobre el “ser”. Esta influencia se acentuó por un sistema educativo y social que valora el éxito intelectual (culto a los títulos) y el éxito social (culto a la carrera, a las relaciones, a la buena posición). Dentro de estos ambientes el niño, el joven y más tarde el adulto no se estructura sobre “lo que es” en su fondo sino sobre lo que los demás aplauden. No se apoya en sus propios cimientos sino en la quebradiza tarima de los otros. No se preocupa de su realización personal sino de su actuación teatral y su hambre de aplausos.
Detrás de estas tres caretas hay inseguridad subconsciente, una personalidad sin cimiento, un ser atrofiado. Estas personas son sicológicamente enanas, les es imposible apoyarse en sí mismas para existir y avanzar en la vida. Esta inseguridad se compensa con los éxitos (o con la apariencia de virtud, que también es un éxito), por lo que el hambre de gloria se acentúa. Si el individuo está bien dotado y nunca tiene fracasos, esto puede durar toda la vida, aunque con una sensación de vacío e infelicidad. Cuando fracasan vuelven a empezar, salvo si el fracaso es demasiado grave. Entonces viene el derrumbamiento y la depresión.

La relación con los demás no es armoniosa, desprecian a los débiles (o no virtuosos), a los que no tienen éxito. Hay “dependencia” de las personas cuyas opiniones pesan. Hay “incapacidad para aceptar la interpelación de los otros” porque falta solidez interior. La respuesta a quienes les cuestionan es la ironía, el desprecio, la suficiencia, la justificación o la prepotencia. A veces la humillación propia, que oculta la “prepotencia de la virtud”. Esta última es una forma sutil de prepotencia: la de sentirse y hacerse ver “mejores” que los otros. Estas personas se reconocen algún defecto, pero sólo porque es de buen tono tener algo que reprocharse. Sobrevaloran la importancia de los modales refinados a los que estas personas son sensibles en exceso.

4.- La careta transparente, para terminar, corresponde a quienes tienen una imagen normal, ajustada a la realidad de su persona. Las caretas anteriores son opacas y buscan aparentar. La transparente se estructura a partir de lo que uno es realmente, ni más ni menos. Las personas que la consiguen se perciben hechas de riquezas y sombras. Pueden caer en la tentación de aplicarse algún colorín o tiznón pasajeros, pero se desmaquillan con rapidez cuando se detectan embadurnados. Su verdad de fondo les apasiona y sirve de guía.

Frente a los otros no tienen dificultad en reconocer tanto sus riquezas como sus límites. Los reconocimientos positivos no les provocan euforia. Los comentarios negativos no les llevan a la desvalorización o a la duda sobre sí mismos. La percepción de su imagen no es rígida ni fija. Su imagen cambia y evoluciona porque integran en ella los elementos nuevos, consecuencia de sus descubrimientos y sus cambios. Frente a las críticas son capaces de dejarse cuestionar sana y serenamente sin buscar la justificación. Son capaces de discernir el valor de sus actos y de sus actitudes sin alienarse a los otros y al ambiente.

Paradójicamente estos últimos -menos protegidos porque no ocultan su personalidad- se suelen sentir más felices dentro de la naturalidad y verdad de sus sonrisas o sus lágrimas, sus lindezas o sus arrugas.

Cuando personas común y corriente quieren testimoniar algo, y se dedican a contar solamente lo bueno y bonito que ha sido su vida, escondiendo detrás las limitaciones, los problemas, los errores, las alteraciones con su vida familiar, poniendo en duda el compartir, poniendo en duda su propio sentir, engañándose a sí mismo, sabiendo que lo que dice es parte de una mentira bien elaborada. Esta es la careta más vista dentro de los grupos. Sí relatáramos lo real, cuanto de nuestros amigos aprenderían escuchando,? Cuantas lecciones de vida se darían a conocer, solo con el hecho de decir el sentimiento de cada uno y por supuesto la verdad?
¿Cuál es tu careta?
¿Con cuál de ellas quieres vivir?

miércoles, 29 de septiembre de 2010

QUERIDA FAMILIA

La familia es aún en nuestros días la estructura fundamental de nuestra sociedad, es una organización que se rige por reglas y dependiendo del tipo así son las familias. Podemos encontrarnos con familias rígidas, sobreprotectoras, permisiva, centrada en los hijos, inestables y estables.

Para diferenciar unas de otras vamos a dar detalles de cómo son cada una. En la familia rígida hay una dificultad grande para asumir, por parte de los padres, los cambios que experimentan sus hijos, aunque pase el tiempo y dejen de ser niños, los padres de esta familia los seguirán tratando como cuando eran pequeños, es una forma de no admitir el crecimiento por eso se muestran rígidos y autoritarios con ellos. En las relaciones un ejemplo de estos padres es cuando su hijo le pregunta, por ejemplo, que por qué no puede ir al parque a jugar y le contestan porque NO, sin dar razones de ningún tipo y si lo hacen lo más probable es que sea: “porque lo digo yo que soy tu padre/madre”.

Las sobreprotectoras como su nombre indica tienen una fuerte preocupación por proteger a sus hijos, pero lo hacen de forma descomunal pasan de una protección a una sobreprotección. Los padres retardan la madurez de sus hijos, no les permiten desarrollarse, ni por supuesto su independencia. Crean una idea pesimista con la evolución normal, es decir, dan por hecho que sus hijos no saben ganarse la vida, que no saben defenderse por sí solos… el caso es que las repercusiones de todas estas cosas dan un resultado nefasto para los hijos que presentan un infantilismo en su personalidad.

La familia permisiva se diferencia de las demás por la pérdida de roles, es decir los padres no quieren caer en autoritarismo y como son incapaces de disciplinar a los hijos, se encubren con la excusa de querer razonarlo todo que desemboca en que los hijos terminen por hacer lo que quieran, sin control alguno. En definitiva los roles de padres e hijos se pierden hasta tal punto que incluso parece que los hijos mandan más que los padres, e incluso se dan caso en el que no se atreven a decir nada por si a caso el hijo se enoja.

Hay otro tipo de familia que se caracteriza por que los progenitores siempre meten a los hijos por medio, algo así como que los hijos son la pieza clave de la familia se centran en ellos, y ni siquiera hablan de la pareja, siempre lo sustituyen por los niños y esto es debido a que lo utilizan como un método de defensa, es decir, como no saben enfrentarse a sus propios conflictos utilizan sacan temas sobre sus hijos, como si ese fuera su único tema de conversación. En este tipo de familia centrada en los hijos lo que se busca es la compañía de los hijos, de esto depende su satisfacción personal. Viven exclusivamente para sus hijos.

Dentro de la familia inestable se puede ver que no llega a ser una familia unida, los padres no tienen metas comunes y eso les lleva al problema de no saber escoger cómo y cuáles son los principios que quieren inculcar a sus hijos, cuál es el tipo de mundo que quieren que aprendan sus hijos, se presenta una ambiente de inestabilidad que hace que los hijos crezcan en ese ámbito con una personalidad marcada por la inseguridad, la desconfianza, con una imposibilidad afectiva que cuando crecen los forma como adultos incapaces de comunicar sus necesidades, frustrados, con grandes sentimientos de culpa por no ser capaces de exteriorizar sus sentimientos.

Por último, la familia estable. En ella hay un claro reparto de roles, las enseñanzas y valores que se quieren dar a los hijos son claras, llenas de perspectivas y de futuro. Hay ilusión y se encuentran todos los miembros unidos y queridos, dando como resultado seguridad, estabilidad y confianza. Cuando los niños crecen como han tenido metas y no solo las han conseguido sino que han sido apoyado y llenos de afecto, se convierten en adultos independientes y sin ningún problema a la hora de expresar sus necesidades o de mostrar afecto.

Estos los diferentes tipos de familias que se dan en nuestra sociedad, aunque no todo se puede encasillar, por supuesto que hay variantes, pero por lo general el centro neurálgico de las familias se puede comparar con alguna de ellas.

Pero lo interesante que no se nos puede olvidar es que debemos reflexionar sobre la importancia de las experiencias vividas, las situaciones que nos han aportado fortaleza o por el contrario debilidad, el carácter al igual que los valores, se fraguan en la familia y son las que nos condicionan y marcan la vida adulta de cada miembro.

viernes, 24 de septiembre de 2010

VALORES MORALES

Si esto se desarrolla inteligentemente y se maneja sabiamente, llevará a relaciones humanas correctas, basada en el espíritu de alegría, amor y a una nueva orientación de individuo a individuo, y de todos hacia la potencia suprema a la que damos el nombre de Dios.

Practicadas en términos racionales, estas realizaciones eliminan el conflicto y la competición en los diversos aspectos de la sociedad. Si cada persona lucha para él mismo y su propio interés, no puede haber "armonía social", tranquilidad, seguridad y unidad, ni libertad o bienestar.

El valor humano fundamental necesario hoy en día para una vida mejor en la sociedad en la que vivimos, es la utilización simple y práctica de la energía de buena voluntad. La Buena Voluntad es una actitud mental inclusiva y cooperativa, es "amor en acción", fusiona el corazón y la mente en una condición de sabiduría y de inteligencia creadora, "estimula la justicia" y la integridad de aquellos que tienen influencia y autoridad. Es realmente la piedra angular de la sociedad humana que responde a los valores de la nueva era.

Sostengamos por medio del pensamiento y la acción a aquellos que actúan con buena voluntad en nombre del "bien general para todos los pueblos".

Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. (Lucas 6:31)
Si creemos tanto en Dios, deberíamos tener presente estos valores......
Los quiero mucho

jueves, 16 de septiembre de 2010

LA SOBERBIA

La soberbia consiste en concederse más méritos de los que uno tiene. Es la trampa del amor propio: estimarse muy por encima de lo que uno vale. Es falta de humildad y por tanto, de lucidez. La soberbia es la pasión desenfrenada sobre sí mismo. Apetito desordenado de la propia persona que descansa sobre la hipertrofia de la propia excelencia. Es fuente y origen de muchos males de la conducta y es ante todo una actitud que consiste en adorarse a sí mismo: sus notas más características son prepotencia, presunción, jactancia, vanagloria, situarse por encima de todos lo que le rodean. La inteligencia hace un juicio deformado de sí en positivo, que arrastra a sentirse el centro de todo, un entusiasmo que es idolatría personal.
Hay dos tipos de soberbia; una que es vivida como pasión, que comporta un afecto excesivo, vehemente, ardoroso, que llega a ser tan intenso que nubla la razón, pudiendo incluso anularla e impedir que los hechos personales se vean con una mínima objetividad. La otra es percibida como sentimiento cursa de forma mas suave y esa fuerza se acompasa y la cabeza aún es capaz de aplicar la pupila que capte la realidad de lo que uno es, aunque sólo sea en momentos estelares. Entre una y otra deambula la soberbia, transita, circula, se mueve y según los momentos y circunstancias hay más de la una o de la otra.

La soberbia es más intelectual y emerge en alguien que realmente tiene una cierta superioridad en algún plano destacado de la vida. Se trata de un ser humano que ha destacado en alguna faceta y sobre una cierta base. El balance propio saca las cosas de quicio y pide y exige un reconocimiento publico de sus logros. Para un psiquiatra , estamos ante lo que se llama una deformación de la percepción de la realidad de uno mismo por exceso.

Ante la soberbia dejamos de ver nuestros propios defectos, quedando éstos diluidos en nuestra imagen de personas superiores que no son capaces de ver nada a su altura, todo les queda pequeño.

No podemos olvidar, que para estar bien con alguien, para establecer una relación de convivencia estable y que funcione hace falta estar primero bien con uno mismo
4.- En la soberbia se hospeda una obsesión exagerada por uno mismo, que ha ido conduciendo a una excesiva evaluación del propio mérito. Y afloran términos como alardear, jactarse, vanagloriarse.

Lo contrario de la soberbia es la humildad. Todo el edificio de la persona equilibrada se basa en una mezcla de humildad y autoestima. La una no está reñida con la otra. Una persona que reconoce sus defectos y lucha por combatirlos y a la vez, tiene confianza y seguridad en sus posibilidades.

Entre la soberbia, el orgullo y la vanidad hay grados, matices, vertientes y cruzamientos recíprocos. Por esos linderos se suele acabar en el narcisismo, patrón de conducta presidido por el complejo de superioridad, la necesidad enfermiza de reconocimiento de sus valías por parte de la gente del entorno y la permanente autocontemplación gustosa.

Sólo el amor puede cambiar el corazón de una persona. Cuando hay madurez, uno sabe relativizar la propia importancia, ni se hunde en los defectos ni se exalta en los logros. Y a la vez, sabe detenerse en todo lo positivo que observa en los que le rodean. Saber mirar es saber amar. A lo sencillo se tarda tiempo en llegar.

Los quiero mucho

LA SOBERBIA

En el cristianismo, el orgullo se define como aquella persona que se envanece a sí misma, olvidando a sus semejantes y a Dios.

Genéricamente se define como la sobrevaloración del Yo respecto de otros por superar, alcanzar o superponerse a un obstáculo, situación o bien en alcanzar un status elevado y subvalorizar al contexto. También se puede definir la soberbia como la creencia de que todo lo que uno hace o dice es, SUPERIOR y que se es capaz de superar todo lo que digan o hagan los demás. También se puede tomar la soberbia en cosas vanas y vacías, y en la opinión de uno mismo exaltada a un nivel crítico y desmesurado (prepotencia).

Para la Iglesia católica romana, en particular, la soberbia encabeza la lista de los pecados capitales que escribiera Santo Tomás de Aquino.

La soberbia se la concreta con el deseo de ser preferido a otros, basándose en la satisfacción de la propia vanidad, del Yo o ego. Por ejemplo, una persona soberbia jamás se "rebajaría" a pedir perdón, o ayuda, etc.
La soberbia ataca con dos dardos: la ira y la envidia.

SABIAS PALABRAS, PARA ESO ESTAMOS.......

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Y...EN RELACION A LOS LAICOS

Una sola cosa...¿Quién sirve a quién?
No sería bueno, hacer notar alguna diferencia?
Al parecer hemos vivido equivocado por siempre...